Delicado universo de sensaciones

30 de noviembre 2013 - 05:00

A Serena Fortin la historia artística de su Italia natal le fluye por las venas; su pulcra obra rezuma el compendio de una creación escultórica que ella vivió de cerca y le permitió asumir las infinitas posibilidades estéticas que planteaban. Además, su profesión de restauradora, sobre todo de muebles antiguos, la han convertido en una experta escultora que maneja la madera con absoluta precisión y sutileza.

La artista nacida en Rovigo, ciudad del norte de Italia, lleva algunos años afincada en Jerez donde la vemos, siempre discreta, en todos los acontecimientos expositivos que se celebran en la ciudad -algo que no suele ser habitual en la profesión artística, con la inmensa mayoría de los autores de espaldas a lo que existe o, al menos, mirando de reojo - y ha sido partícipe de algunas muy buenas comparecencias en muestras individuales y colectivas. Es, por tanto, una artista conocida en los ambientes, con reconocimiento unánime por su trabajo en una escultura a la que ella ha vuelto a llenar de sentido y trascendencia creativa.

La escultura de Serena Fortín es escultura en el más amplio y, a la vez, estricto sentido del término. La artista ha vuelto a dar vida a una tendencia con poco fortuna en los últimos tiempos. Su obra goza de todos los planteamientos de la gran escultura. Está trabajada con esmero y pulcritud; observándose en cada pieza la pasión creativa de su autora. Tiene los desarrollos plásticos que exige la materia, a la que ella somete con todos los argumentos de la que sabe lo que hace y cómo hacerlo llegar a su dimensión definitiva. Al mismo tiempo, su escultura consigue unos desenlaces estéticos llenos de sentido, carácter, precisión y manifiesta belleza plástica; en definitiva, los grandes postulados de la escultura de siempre trasladados a una obras donde la forma plantea los primeros pasos para que la mirada imponga su sentido y traslade a la emoción unos argumentos que desentrañen las infinitas posibilidades de la sugerencia.

Estilísticamente, la obra de Serena Fortín se adscribe a una abstracción básica, evocadora, con las formas sutilmente planteadas para que ejerzan una función de referencia para manifestar su planteamiento motivador. Plásticamente, la escultura responde a un perfecto tratamiento de la madera, abedul y tilo, con un exquisito desarrollo creativo, dominador de la forma, insuflando intensidad, equilibrio y ritmo a cada golpe de gubia hasta plantear una obra bella en continente y contenido. Pero, además, la escultura de Serena deja un regusto atractivo, ese que se desprende de las cosas muy bien realizadas; sus bellas formas, casi siempre, curvas, suaves, delicadas, alejadas de exuberancias, acusan un entusiasta trabajo, con un deseo imperioso por acentuar la belleza plástica, por hacer fluir la intensidad de lo vivido, por marcar rutas para ser recorridas, por sugerir emociones y sensaciones, por eternizar el frescor de una brisa, por acercar lugares distintos, por plasmar lo que se siente, lo que se anhela, lo que se desea, lo que se presiente.

Junto a las suaves formas de las esculturas - 'Brisa', 'Un poco de incoherencia', 'Exploraciones sostenibles', 'Déjate llevar', 'Lugares distintos', 'Comunicaciones interrumpidas', 'Vela', 'Dentro de mí', 'Lo que te parece' -, nos presenta un espectacular juego de esculturas-joyas - 'Fuerte', 'Bicho', 'Pergamino', 'Cuadro' y 'Scivola' - que, con parecido tratamiento al de las obras de mayor tamaño, nos sitúan en ese universo de pulcritudes que desarrolla todo el trabajo de la artista italiana.

Una vez más, la delicada magnitud creativa de Serena Fortin nos deja un pedacito de su entusiasmo escultórico para que lleguemos a gozar con la mágica realidad de una escultura que, ella, vuelve a hacer eterna.

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