
Joaquín Aurioles
Las instituciones informales
La Sacristía del Arte
Quienes visitan la Parroquia de los Dolores de Jerez pueden llevarse una sorpresa al analizar la disposición de sus imágenes desde un punto de vista artístico. En el altar mayor, ocupando el lugar más visible, se encuentra la Virgen de los Dolores, una talla de calidad artística discutible, muy por debajo de otras obras marianas que pueden encontrarse en la ciudad.
Más llamativo aún resulta el hecho de que, en un altar secundario, se encuentra una imagen de la Inmaculada Concepción de una factura claramente superior. Su esculpido más refinado y la armonía de sus formas evidencian una ejecución más depurada, posiblemente de un autor con mayor destreza y sensibilidad estética. La paradoja es evidente: la imagen de mayor calidad artística queda relegada a un segundo plano, mientras que una talla menos lograda ocupa el espacio principal.
Este hecho rompe con la lógica habitual en la organización del arte sacro, donde las obras de mayor calidad suelen recibir un lugar privilegiado. A lo largo de la historia, las iglesias han situado en sus altares principales imágenes que, además de su valor devocional, poseen un alto nivel artístico, reconociendo así la importancia de la belleza en la expresión de la fe. En la Parroquia de los Dolores parece desafiarse este principio, planteando interrogantes sobre los criterios que han guiado esta elección.
¿Se trata simplemente de una cuestión devocional? ¿O, quizá, de una falta de sensibilidad hacia el valor estético? Sea como fuere, lo cierto es que el arte sacro, además de su función religiosa, tiene un papel fundamental en la transmisión de la belleza como vía de acercamiento a lo trascendente. Sería deseable que, en casos como este, se reconsiderase la disposición de las imágenes para hacer justicia no solo a la fe, sino también al arte.
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