
Tribuna Económica
Joaquín Aurioles
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Opinión
En esta pequeña historia que quiero narrarles, centrada en la figura de Fernando Fernández Pantoja “Terremoto”, han existido, entre otras, cuatro fechas señalaítas, -como reza el titular-, que han marcado la breve –en el tiempo-, pero incuestionable en su historial de inmensa figura del arte flamenco a través de su cante. Las dos fechas más trascendentales de su joven vida fueron la de la alegría de su nacimiento, 1969 y la de la pena de su prematuro fallecimiento, 2010. Las otras dos fechas señalaítas se enzarzan en un mismo sentimiento: el del placer y el gozo oyéndole, disfrutando –e incluso llorando a veces- especialmente en su debut, 1989, -veinte años en flor después de haber disfrutado de la guitarra con la juventud bailaora del alumnado de Angelita Gómez- y quizá su último o penúltimo concierto, 2008. En ambas ocasiones tuve el inmenso placer de presentarle.
Vamos a por la primera, la de su debut a los 20 años de edad, 1989 en el Centro Cultural Flamenco “Don Antonio Chacón” –con todo el papel vendido- y respaldado por la guitarra de Manuel Moreno Junquera “Moraíto”. Una jornada de estreno protagonizada por el continuador de quien le dio el ser, cuya fama traspasaba los límites de toda escala cantaora, un “Terremoto” de arte, de cante e incluso de su poquito de baile por bulerías que los públicos le demandaban y con lo que se sentía a gusto. La respuesta presencial de aficionados y profesionales al debut de “Terremoto” hijo, fue, como estaba previsto, apoteósica. Todas las bendiciones para Fernandito –veinte años- por su arte cantaor y por haber tenido la inmensa suerte de contar para su presentación con una guitarra de la categoría “jonda” de un Manuel Moreno Junquera ”Moraíto”, soberano guitarrista que compartió con su “primo” la gloria de una noche ¿una sola? y que, a no dudar, ahora ambos continuarán con sus cantes y sus toques alegrando a los ángeles del cielo. Hace apenas unos días, el malagueño Ramón Soler Díaz, cerrando el ciclo “Flamenco e Investigación” de la Real Academia Jerezana de San Dionisio de Ciencias, Artes y Letras, expuso con claridad meridiana la personalidad de uno de los más inspirados y profundos guitarristas jerezanos, continuador de la saga de los “Morao”-padre Juan y tío Manuel-: “Moraíto”.
La cuarta noche señalaíta transcurrió, en la sede de la peña flamenca “La Bulería”, el 25 de abril de 2008, con la que la citada entidad cerraba sus “Noches de San Telmo”, en su décimo quinta edición. El hecho de traer aquella jornada a la memoria lo ha propiciado un reportaje televisivo que en su reemisión he disfrutado en dos jornadas consecutivas gracias al autor del mismo, el gran aficionado sanluqueño Pepe Oliva, emitido a través del sello Costa Noroeste para Tele Sanlúcar, como un extraordinario trabajo de imagen y sonido denominado “El rincón flamenco de Pepe Oliva”. Debo indicar que, si en aquella ocasión viví emocionadamente el concierto-recital de Fernando “Terremoto” hijo y Antonio Higuero, el visionado del mismo ha producido en mí la misma o parecida emoción que si hubiese recuperado el diamante de la India, como escribió Fernando Quiñones, oyendo la voz de Fernando y la guitarra de Antonio por soleá, malagueña –un cante éste al que “Terremoto” hijo le brindó todo su sabor y y todo su saber cantaor-. Si la toná le sirvió para introducir su intervención, el cante por bulerías culminaba ésta con el toque en línea maestra de Higuero y las palmas de Melchora Ortega y David Lagos. Fue otra de las noches que merecen –o al menos merecían- no dormir, no comer… sólo vivir el disfrute del arte flamenco con mayúsculas con dos protagonistas entregados, con un público receptivo y aplaudidor, premiando a un “Terremoto” hijo –como hasta 1981 premiaba a su padre- y a un guitarrista como Antonio Higuero. Finalmente quiero dejar constancia de mi reconocimiento al autor de un trabajo tan bien hecho como el ofrecido a través de Tele Sanlúcar, perteneciente a la serie “El rincón flamenco de Pepe Oliva”, así como a Antonio Cosano, enlace perfecto que en aquel momento ostentaba el cargo de secretario de la entidad, domiciliada hoy en calle Empedrada.
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