
Tribuna Económica
Joaquín Aurioles
Balanzas
Lo de San Valentín está quedando como un guiño obsoleto al regalo baboso y comercial más incongruente de los últimos años. Visto lo visto, lo que debería celebrarse en estos días es el día de la hipocresía. Y si no existe el santo Hipócrita deberíamos inventárnoslo de manera inmediata, introducirlo en el santoral y que sustituyera al de las flechas y los corazones de Cupido. Tendría más fieles devotos, muchos más fans y estaría más que justificado declarar, en febrero, fiesta local, festivo nacional e incluso un detalle de la OMS en forma de día mundial del fariseismo occidental.
Lo de la simulación y el disimulo o lo de la falsa amistad mientras se hace lo contrario de lo que se dice se está convirtiendo en la nueva referencia de una sociedad hipócrita a no poder más. Esos son los referentes que nos dominan en las redes, en las respuestas de nuestros políticos, en las relaciones sociales o en los niveles de engañabobos de media humanidad. Podemos asegurar que estamos encerrados en hologramas repletos de mentira y de falta de honestidad.
La doble moral y los valores mal entendidos están en el poder y todo está politizado o sesgado por extremismos ideológicos sin sentido. Hay poca flexibilidad de pensamiento y el respeto brilla por su ausencia. Hay futbolistas besadas sin consentimiento y en fuera de juego. Hay quienes quieren hacer de Gaza un resort de lujo, otros llevan botellas de brandy al Vaticano mientras faltan botellas de oxígeno en los hospitales y otras vicepresidentas se dejan ver de nuevo por Andalucía para recuperar liderazgos perdidos. Por no hablar de la actualidad con las previas de carnavales o con unos previos de la Semana Santa en los que importa más los golpes de pecho que la catequesis real. Karlas Sofias hay ahora muchas. Y Montoyas también. El problema es para poner velitas a los santos. Otra no queda.
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