La flema cofrade

La crestería

30 de marzo 2025 - 06:48

Da la impresión de que tanta agua en el arranque de la Cuaresma ha dejado a los cofrades aletargados. Ha salido el astro rey y nos hemos quedado como anonadados.

El caso es que llevamos una Cuaresma la mar de tranquila. El bueno de David Puerto ya ha pasado su pregón por la impresora a la espera del Domingo de Pasión y los pasos se siguen montando en las iglesias en medios de un silencio amargo. Los palios se han alzado y las Dolorosas, poco a poco, van entronizándose en sus pasos.

Los pucheros de cera derretida para el montaje de las candelerías todavía están calientes y el trajín no para en las secretarías. Las direcciones de cofradías despliegan los planos y estructuran las estrategias mientras que los costaleros se citan para los ensayos.

En definitiva, nos encontramos en ese tiempo de espera impaciente. Y da la impresión de que existe como un estado de flema, de la cual los ingleses saben mucho. Una fuerza contenida que rebosará cuando se abran las puertas de la Escuela San José y la cruz de guía de la Borriquita salga a las calles de la ciudad.

Este año no ha habido contrariedades como las molestias de los palcos, una nueva carrera oficial o un debate sobre un cambio de túnica.

No sé si en el mundo cofrade también existe un cierto conformismo. Algo que viene ocurriendo en la actual sociedad que no se inmuta por muchas guerras ficticias que las altas instancias se quieran inventar o por mucha podredumbre moral en la clase ‘dirigente’. Los mayordomos siguen en sus líos de montajes, los tesoreros se quiebran los sesos para cuadrar los números y los capataces cada vez tienen menos voz de mando y más inclinación por los atriles y el verso.

Son días de espera para lo que ha de venir. Y mientras llega lo bueno, las cofradías no sé si han perdido ese punto de personalidad para hacer estallar la polémica o simplemente se dejan llevar por los acontecimientos. Antes todo era más divertido. Y ahora, como reflejo de este mundo actual, es más que previsible. Parafraseando a los Hermanos Marx, aquí lo que hace falta es más madera para estar entretenidos.

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